viernes, 3 de abril de 2015
Un corazón sin lógica.
Esas cálidas manos suyas, perfectas para mis frías manos en días de invierno, transmitían su calor a mi cuerpo congelado. Cuando su mano tocaba la mía, y nos quedábamos así durante milésimas de segundo, sentía mariposas en el estómago, me sentía segura, pero eso él no lo sabe. Me pregunto si sentía lo mismo también. Esa sonrisa que me sacaba automáticamente, hacía que mi día fuese mejor, aunque él no es consciente de eso. Esas tonterías que hacíamos sin darnos cuenta, a él le daban igual, a mi me hacían feliz por momentos. Cuando me pedía algo y me lo suplicaba, tenía la sensación de que solo me utilizaba, de que me quería cuando me necesitaba. Pero no me importaba, no sé porqué, pero no me podía sentir mal. Cuando reíamos hasta que nos dolía por chorradas que solo nosotros entendíamos. Y esas ganas mútuas que teníamos de fastidiarnos porque queríamos ver al otro enfadado, o eso almenos quería yo. Somos muy diferentes, no tenemos muchas cosas en común pero aún así, no sé, es un caso especial. Cuando hablaba con él, sentía que el mundo desaparecía. Hablabámos de cosas sin importancia, me daba cuenta de que a veces él tenía unas ideas muy disparatadas y me gustaba escucharlas, pero también ha habido momentos en que él me hablaba con sinceridad. Y eso lo valoraba mucho, aunque él no lo sepa. Cada día me iba dando cuenta, de que por una parte, era un chico distinto a los demás, que una parte suya era buena y que tenía corazón, aunque a veces por sus acciones no lo aparentaba mucho. Pero por otra parte, sin embargo, era el típico chico igual a todos.
Él está en mi cabeza constantemente, día y noche. Dando vueltas a lo mismo, a los momentos que hemos pasado juntos. Para él, creo que ni existo, si no estoy delante suyo. ¿Qué clase de amor se podría considerar que es? Ni siquiera entiendo porqué me siento de esta forma. Es todo tan confuso ahora mismo que no me aclaro ni yo. Todo en mi mente se mezcla y se convierte en un desorden, un desastre sin solución.
jueves, 2 de abril de 2015
Maldita rutina.
Te preguntas ¿Por qué?, en tu cabeza solo hay interrogaciones sin respuesta alguna. "¿Por qué a mí?, ¿por qué me pasan estas cosas?, ¿por qué soy así?..." Y es que la vida no es perfecta ni tampoco fácil, nadie lo dijo. Y llega un momento en que todo te da igual, te hartas, te cansas. Te cansas de ser la última opción, de dar mucho y recibir poco, de las críticas, de la sociedad, de callarte, te cansas de vivir la puta rutina todos los días. Mucho dicen de "Disfruta la vida" pero para mi el problema es ¿cuándo? La rutina nos mantiene encerrados. Es como un callejón sin salida. Naces, estudias y estudias, trabajas, hasta que te duelan los huesos, y en un abrir y cerrar de ojos, cuando ves que eres libre y puedes escaparte, ya eres demasiado mayor para hacer lo que siempre has querido y no has podido. Y te arrepientes.
Así que, si tienes oportunidad de disfrutar del momento, aprovechala. Nos damos cuenta de las cosas, solo cuando las perdemos.
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